Es la jungla húmeda el lugar de esta historia. Bebé va caminando, tan solo con lo que lleva puesto, una cantimplora y un pequeño cuchillo con el que se abre paso en la maleza. Suenan las aves, suenan los cuerpos arrastrados de las serpientes entre las ramas... suenan las palmoteadas que se da Bebé en el cuello con cada picada de mosquito.
- ¿Y adonde vamos Bebé? pregunta Quejoso, que también lleva una pequeña cantimplora cruzada al cuello.
- Vamos... hacia el castillo... de los juguetes - dice Bebé, mientras sigue luchando contra la dura maleza
- ¿Y aun nos falta mucho? - pregunta Quejoso, con el ceño fruncido
- ¿Si ves Quejoso? Siempre estás colocando condiciones para la aventura! además, ya hemos avanzado mucho en el camino, no nos vamos a detener ahora!
Bebé!!!! Bebé!!!! - se sintió un fuerte grito
- Señor, señor, deténgase!- dijo Quejoso
- No me detendré! - le replicó Bebé - estamos ya tan cerca de lograr el tesoro que está resguardado por las muñecas sin cabeza en el castillo de los juguetes - dijo mientras se limpiaba el sudor de su frente con el dorso de la mano.
- Bebé!!!!! BEBE!!!!- era aun mas fuerte el grito
- Señor, señor, deténgase, nuestro mayor peligro no está en esta jungla - decía un Quejoso ya muy cansado - Si no nos detenemos a responder a ese grito, quien sabe que cosas puedan pasar!
- NO Quejoso! no me detendré! Nada podrá detener que yo alcance.. el tesoro... del castillo... de juguetes - decía Bebé mientras rasgaba la maleza con su cuchillo - y te vuelvo a decir Quejoso, que si vuelves ah...-
En ese momento sonó un portazo y acto seguido, entró la dueña del fuerte grito - BEBE! Te estoy llamando! Es hora de desayunar! y luego tienes que irte a bañar, para que salgas con el Abuelo a comprarte unos pantalones nuevos- le decía mamá, mientras recogía del piso los juguetes-maleza que Bebé aventurero había destrozado con su cuchillo mientras atravesaba la espesa jungla de su cama. Por supuesto, estaba a su lado su fiel escudero Quejoso, quien solo podía reposar al lado de sus pies.
Mamá! - Replicó Bebé - no es posible que acabes mi aventura asi! estoy en medio de la selva!
- Pues pequeño aventurero que apenas soltó sus pañales, es hora de seguir el día - Dijo mamá, mientras lo abrazaba y lo bajaba de la cama.
- Ay mamá! Por favor! un rato mas! ya casi alcanzaba el tesoro - decía Bebé mientras se trataba de zafar de los brazos de Mamá.
- No Bebé, es hora de desayunar y luego comprar pantalones con el abueeelloo- mientras le hacía cosquillas
- jajajaja no Mamá! no me hagas cooosquillaaas jajaja jajajaja mira, hazle cosquillas jajaja a Quejoso jajaja - le decía Bebé
- Me alegra ver que ya son nuevamente amigos - le dijo Mamá.
- Si. Los buenos amigos no pueden estar de pelea por siempre - contestó Bebé muy seguro
- Buenos amigos? vaya, eso es un avance! ¿De qué me perdí? -
- Ay mamá... ya verás... si me dejas de hacer cosquillas, te puedo contar - dijo Bebé tratando de zafarse.
- Pues no señor! ay Bebé - le hacía aun mas cosquillas - crees que soy tonta?
- jajajaja no Mamá, pero la próxima vez, yo recogé el tesoro y ni jajajaja Quejoso ni tu podrán detenerme!
jueves, 17 de enero de 2013
domingo, 13 de enero de 2013
Quejoso y el Dinosaurio
Quejoso escuchó la conversación entre mamá y bebé.
Si es cierto que había estado molesto con bebé, pero no tanto como para no querer hablarle nunca mas.
Quejoso era un oso ya anciano, había ido a parar a las manos de bebé un día en que salió con su mamá al museo. Y alguien lo había dejado en la entrada. Desde el momento en que mamá lo tomó en brazos, olvidó quien lo había dejado allí. Solo recuerda que bebé le haló de un tiró el lazo rojo que tenía en el cuello. Mamá lo regañó, pero al momento de subir al auto, Quejoso volvió a las manos de bebé y este lleno de babas sus patitas hasta que llegaron a casa.
Quejoso se había acostumbrado a estar en cualquier lado de la casa, a veces estaba en el patio, a veces estaba en la cocina junto a bebé, a veces estaba en la sala, con los otros juguetes, mientras la familia veía televisión y otras veces, tal vez muchas de ellas, estaba sentado en una silla roja en la habitación de bebé. Desde allí podía ver toda la habitación y como se movía la puerta cada vez que alguien entraba o salía. En fin, Quejoso era parte de la familia algo que no sucedía con el Dinosaurio.
Dinosaurio era fucsia y tenia los dientes manchados de tinta, pues un día bebé jugaba al dentista e hizo del marcador como que fuera una fresa con la cual "limpiaba" los dientes de dinosaurio. Dinosaurio tambien había resultado juguete de la mascota de la casa, La Motty. Pero Quejoso desde su silla y Dinosaurio, desde el rincón debajo de la cama se habían hecho amigos y Quejoso le contaba a Dinosaurio como era la luz del día y Dinosaurio le decía como era ese lugar frío donde el vivía.
- Peleaste una vez mas con bebé? - preguntó Dinosaurio
- No, no peleamos, solo que... el quería seguir jugando y ya yo estaba cansado- contestó el oso, con sus ojos fijos en el piso
- Pero tu amas a Bebé. Muchas veces lo has dicho.
- Es cierto, yo amo a Bebé. Pero que ames a alguien no quiere decir que no puedas molestarte por las cosas que el hace. O bueno, eso es lo que dice Mamá cuando habla con el Abuelo.
- Por eso yo nunca he podido amar a La Motty. Es demasiado fastidiosa.
- Vamos! - rió el oso - si no es por la cicatriz de los dientes de La Motty en tu cola, el día que te confundiste con el resto de juguetes en el parque, no te hubiesen podido recuperar.
Dinosaurio quedó en silencio... pero reaccionó violentamente: - PERO ODIO A LA MOTTY!!!! -
y Quejoso, calló. - Quejoso? estás allí? ... ahora estás enojado conmigo? Quejoso?...Quejoso!...
Y luego el silencio inundó la habitación.
Quejoso había callado. Dinosaurio mientras pensaba en la amistad de Quejoso y bebé. Tal vez a la mañana volverían a ser amigos y Dinosaurio, volvería a escuchar a Quejoso.
Si es cierto que había estado molesto con bebé, pero no tanto como para no querer hablarle nunca mas.
Quejoso era un oso ya anciano, había ido a parar a las manos de bebé un día en que salió con su mamá al museo. Y alguien lo había dejado en la entrada. Desde el momento en que mamá lo tomó en brazos, olvidó quien lo había dejado allí. Solo recuerda que bebé le haló de un tiró el lazo rojo que tenía en el cuello. Mamá lo regañó, pero al momento de subir al auto, Quejoso volvió a las manos de bebé y este lleno de babas sus patitas hasta que llegaron a casa.
Quejoso se había acostumbrado a estar en cualquier lado de la casa, a veces estaba en el patio, a veces estaba en la cocina junto a bebé, a veces estaba en la sala, con los otros juguetes, mientras la familia veía televisión y otras veces, tal vez muchas de ellas, estaba sentado en una silla roja en la habitación de bebé. Desde allí podía ver toda la habitación y como se movía la puerta cada vez que alguien entraba o salía. En fin, Quejoso era parte de la familia algo que no sucedía con el Dinosaurio.
Dinosaurio era fucsia y tenia los dientes manchados de tinta, pues un día bebé jugaba al dentista e hizo del marcador como que fuera una fresa con la cual "limpiaba" los dientes de dinosaurio. Dinosaurio tambien había resultado juguete de la mascota de la casa, La Motty. Pero Quejoso desde su silla y Dinosaurio, desde el rincón debajo de la cama se habían hecho amigos y Quejoso le contaba a Dinosaurio como era la luz del día y Dinosaurio le decía como era ese lugar frío donde el vivía.
- Peleaste una vez mas con bebé? - preguntó Dinosaurio
- No, no peleamos, solo que... el quería seguir jugando y ya yo estaba cansado- contestó el oso, con sus ojos fijos en el piso
- Pero tu amas a Bebé. Muchas veces lo has dicho.
- Es cierto, yo amo a Bebé. Pero que ames a alguien no quiere decir que no puedas molestarte por las cosas que el hace. O bueno, eso es lo que dice Mamá cuando habla con el Abuelo.
- Por eso yo nunca he podido amar a La Motty. Es demasiado fastidiosa.
- Vamos! - rió el oso - si no es por la cicatriz de los dientes de La Motty en tu cola, el día que te confundiste con el resto de juguetes en el parque, no te hubiesen podido recuperar.
Dinosaurio quedó en silencio... pero reaccionó violentamente: - PERO ODIO A LA MOTTY!!!! -
y Quejoso, calló. - Quejoso? estás allí? ... ahora estás enojado conmigo? Quejoso?...Quejoso!...
Y luego el silencio inundó la habitación.
Quejoso había callado. Dinosaurio mientras pensaba en la amistad de Quejoso y bebé. Tal vez a la mañana volverían a ser amigos y Dinosaurio, volvería a escuchar a Quejoso.
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