domingo, 13 de enero de 2013

Quejoso y el Dinosaurio

Quejoso escuchó la conversación entre mamá y bebé.
Si es cierto que había estado molesto con bebé, pero no tanto como para no querer hablarle nunca mas.
Quejoso era un oso ya anciano, había ido a parar a las manos de bebé un día en que salió con su mamá al museo. Y alguien lo había dejado en la entrada. Desde el momento en que mamá lo tomó en brazos, olvidó quien lo había dejado allí. Solo recuerda que bebé le haló de un tiró el lazo rojo que tenía en el cuello. Mamá lo regañó, pero al momento de subir al auto, Quejoso volvió a las manos de bebé y este lleno de babas sus patitas hasta que llegaron a casa.

Quejoso se había acostumbrado a estar en cualquier lado de la casa, a veces estaba en el patio, a veces estaba en la cocina junto a bebé, a veces estaba en la sala, con los otros juguetes, mientras la familia veía televisión y otras veces, tal vez muchas de ellas, estaba sentado en una silla roja en la habitación de bebé. Desde allí podía ver toda la habitación y como se movía la puerta cada vez que alguien entraba o salía. En fin, Quejoso era parte de la familia algo que no sucedía con el Dinosaurio.

Dinosaurio era fucsia y tenia los dientes manchados de tinta, pues un día bebé jugaba al dentista e hizo del marcador como que fuera una fresa con la cual "limpiaba" los dientes de dinosaurio. Dinosaurio tambien había resultado juguete de la mascota de la casa, La Motty. Pero Quejoso desde su silla y Dinosaurio, desde el rincón debajo de la cama se habían hecho amigos y Quejoso le contaba a Dinosaurio como era la luz del día y Dinosaurio le decía como era ese lugar frío donde el vivía.

- Peleaste una vez mas con bebé? - preguntó Dinosaurio
- No, no peleamos, solo que... el quería seguir jugando y ya yo estaba cansado- contestó el oso, con sus ojos fijos en el piso
- Pero tu amas a Bebé. Muchas veces lo has dicho.
- Es cierto, yo amo a Bebé. Pero que ames a alguien no quiere decir que no puedas molestarte por las cosas que el hace. O bueno, eso es lo que dice Mamá cuando habla con el Abuelo.
- Por eso yo nunca he podido amar a La Motty. Es demasiado fastidiosa.
- Vamos! - rió el oso - si no es por la cicatriz de los dientes de La Motty en tu cola, el día que te confundiste con el resto de juguetes en el parque, no te hubiesen podido recuperar.
Dinosaurio quedó en silencio... pero reaccionó violentamente: - PERO ODIO A LA MOTTY!!!! -
y Quejoso, calló. - Quejoso? estás allí? ... ahora estás enojado conmigo? Quejoso?...Quejoso!...
Y luego el silencio inundó la habitación.
Quejoso había callado. Dinosaurio mientras pensaba en la amistad de Quejoso y bebé. Tal vez a la mañana volverían a ser amigos y Dinosaurio, volvería a escuchar a Quejoso.


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